En medio del hormigón, los ladrillos y el asfalto, las ciudades esconden rincones entrañables. Placitas preciosas con un silencio inesperado y árboles donde siempre hay un banco para sentarse a disfrutar del regalo.
En las ciudades ruidosas el silencio se echa de menos y cuando nos lo encontramos, nos cuesta darnos cuenta de lo que pasa. De por qué de pronto nos apetece pararnos y sonreir, sin movernos. Tardamos en reconocerlo: "qué pasa, qué falta, qué hay?".... Ah! ya, silencio!
No hay comentarios:
Publicar un comentario