Tal vez alguien pueda explicarme el fenómeno que está detrás de que la publicidad se renueve a trompicones. Me explico, va por etapas pero durante un tiempo todos los anuncios siguen un mismo patrón. Ves un anuncio que te parece innovador y a los pocos días te das cuenta de que todas las empresas han optado por anunciarse con la misma técnica.
De un tiempo a esta parte, no sólo son iguales, sino que son inaguantables. Se ha puesto de moda el anuncio power point. Bueno, yo los llamo así, porque siguen la misma técnica que los archivos de power point que nos llegan por correo electrónico. Documentos llenos de fotos maravillosas y de frases supuestamente filosóficas que cuando se ananalizan con un poco de rigor resultan bastante patéticas y dan grima.
La primera vez te pillan desprevenida y te lo crees, te descubres a ti misma dándole vueltas a la idea de que tal vez la naturaleza realmente necesite de tu sentimiento de culpa. O que las empresas petroleras y eléctricas se toman en serio lo de cuidar el medio ambiente y no sólo se quedan con tu dinero, sino que trabajan para tí. Claro, que en cuanto ves el anuncio por décima vez, no sólo dejas de creerte todas esas tonterías, sino que acabas aborreciendo a todas las compañías de suministros del país.
La otra tendencia del momento es hacer anuncios lo más ruidosos posible. Tú estás tranquila en tu salón viendo la serie que corresponda a esa noche y de pronto te asaltan un montón de gritos, baterías aporreadas, músicas estridentes que no se sabe qué pretenden pero que consiguen todo lo contrario: inmediatamente odias a la compañía que ha tomado tu casa al asalto y sin permiso ni educación.
Hubo un tiempo en el que me gustaba ver anuncios, me parecía interesante observar como se las ingeniaban los creativos para atraer nuestra atención, para sorprendernos y hacernos caer en su trampa comsumista, y reconozco que muy de tarde en tarde alguno vuelve a conseguirlo. Son los que crean anuncios sin ruido y sin filosofías baratas.
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