martes, 10 de junio de 2008

Ms Gaviota





Sólo soy un pájaro, ya lo sé. Y hembra.


Soy una gaviota blanca y gris y me gusta volar. Vivo en una ciudad a la orilla del mar y me alimento de peces o del pan que me dan los turistas. Bueno, yo no sé que se llaman turistas, pero lo son. Vienen de vez en cuando y se asoman a un mirador que hay cerca de mi casa. Yo aprovecho que me están mirando y les hago una demostración de vuelo y luego, me poso en el muro, cerca de ellos y les miro con la cabeza inclinada, que sé que así estoy más mona, y ellos acaban dándome algo de comer. Algunos vuelven más tarde, con más pan, para verme otra vez. Mi casa es un nido que construí con Gavioto al lado de una chimenea. Escogimos ese sitio porque era calentito y esta ciudad puede ser muy fria. Hay días que sopla un viento que viene directamente del ártico que es capaz de helarle la sangre a cualquiera, incluso a nosotras que estamos cubiertas por plumas esponjosas y brillantes que nos aislan de todo. Así que ese rinconcito nos pareció muy adecuado para criar a los polluelos.



Todo empezó un día en que yo estaba volando en la playa y se me acercó Gavioto. Al principio no le hice mucho caso. Mi madre ya me había contado lo complicado que era tener pareja y a mi me apetecía más volar y conocer mundo que poner huevos y ocuparme de enseñar a volar a los polluelos, pero Gavioto era muy guapo y volaba muy bien. Cuando sabía que le estaba mirando se lucía planeando en las térmicas y bajando en picado para pescar el mejor pez, que luego me ofrecía para que le hiciera caso. Bueno, sólo soy un ave tonta, así que no tardé mucho en caer rendida a sus encantos. Todo fue muy bonito y divertido al principio, porque Gavioto se tomó muy en serio lo de ser padre, y buscaba comida para mí mientras cuidaba del huevo y eso.




Cuando nació polluelo al principio nos hizo mucha ilusión. Era tan pequeñajo, tan feo, tan poco capaz, que nos enternecía mirarle y los dos nos volcamos en alimentarle, en cuidar del nido para evitar que otros pájaros nos lo quitaran. Hay una pareja de cornejas que nos tienen en su punto de mira. Supongo que envidian el sitio que escogimos para instalarnos, o que nuestro pequeñín esté tan sano, pero no hay día que no se pasen por aquí a dar la lata, a asustarnos con sus gritos y a intentar echarnos. Para eso Gavioto sí que es bueno. Les espanta enseguida. Se pone a volar a su alrededor y a marcar territorio y las cornejas deciden irse.




No sé qué ha pasado con Gavioto pero ya no es el mismo. Un día dijo que iba a por comida y no volvió hasta por la noche. Al día siguiente, ni siquiera puso la excusa de la comida, simplemente se fue por la mañana y esa noche no volvió. Me costó mucho organizarme sola con el polluelo, porque si me alejaba del nido le dejaba indefenso, y nuestro nido es muy cálido pero no está cerca del mar, así que conseguir peces es difícil.




Entonces apareció él. No, no es otro Gavioto, ni siquiera tiene plumas. Es un humano. Tiene su casa muy cerca de la mía, pero como no es un ave, su casa tiene paredes y ventanas. Yo me asomo por detrás de la chimenea y le veo allí dentro mirando algo que tiene luz. Espero un ratito pero si no me hace caso le llamo. Grito su nombre: "Humano, humano" y él acaba mirándome. Yo sigo gritando para que me dé de comer: "Hoy no me das nada? Que está el polluelo hambriento" y él acaba abriendo la ventana y dándome peces o pan. No sé de dónde saca los peces, porque no creo que tenga el mar en su casa, pero están ricos, aunque no son los mejores peces de mi vida, porque además están ya muertos, pero al polluelo le alimentan y a mi también. No es mal tipo este humano, porque aparte de darnos de comer y de observarnos mucho, no hace nada más.




Ayer por la tarde volvió Gavioto. Le dije de todo; ya está bien de hacerme la mártir. Del humano no le dije nada, me da miedo que le haga daño, que Gavioto cuando se pone puede ser muy bruto, pero le dije que si venía a darle comida al polluelo, que vale, pero que se fuera olvidando de mi que no quería ni verle. Así que después de conseguir algo de comida se fue cabizbajo y todavía no ha vuelto. Me da pena haber perdido a Gavioto. Era tan guapo. Pero bueno, en unos meses polluelo saldrá volando a buscar su vida y yo podré volver a las térmicas, a investigar cómo es el mundo y a ser libre otra vez.







1 comentario:

PenélopeGlamour dijo...

Así que Gavioto se fue a comprar tabaco... qué pájaro, si es que son todos iguales!!