martes, 27 de mayo de 2008

Patas arriba

Llegué a casa al salir del trabajo. Di gritos, hice reproches, defendí mi libertad, esgrimí argumentos irrefutables.

Me debatió cada frase. Gritó, suplicó, explicó, cedió, reclamó su espacio, pidió más claridad en los diálogos, pidió más diálogos.

Y después simplemente nos miramos a los ojos y supimos que no éramos dos extraños, ni dos recién casados enfrentando su primera bronca.

Preparamos la cena. Abrimos una botella de vino y sacamos los bombones helados para postre. Nada de esto sirvió para reconciliarnos, pero suavizó el ambiente. Tomar la decisión de separarse fue mucho más fácil.

Lo haremos mañana mejor, no? Ahora estoy rendida (y yo) mejor dormimos antes un rato.

No hay comentarios: