domingo, 18 de mayo de 2008

Excursión

Hay qué ver estos cabrones, lo deprisa que andan. Si sólo me he despistado un par de minutos! Pero nada, ya me sacan por lo menos 100 metros de distancia. Y eso que voy deprisa, porque yo no soy una persona que ande despacio, más bien al revés, a Mari siempre la dejo atrás en la calle, que siempre anda diciéndome que a dónde voy tan rápido, y se cabrea conmigo porque no la espero, pero es que como es chiquitina da unos pasitos muy cortos y claro, cuando me quiero dar cuenta ya se me ha perdido otra vez, que tengo que andar parando y buscándola. Pero estos cabrones, nada, ni se paran, ni me buscan, ni me esperan....


Uff, lo que me está costando subir esta cuesta y es que a quién se le ocurre apuntarse a una excursión a la sierra, con lo bien que se está en las terracitas de Madrid, ahí mismo, en la plaza del barrio, con sus bares que ya están poniendo las terrazas en las aceras; porque claro aquí el buen tiempo llega sin avisar y de un dia para otro te achicharras, porque si hace dos días, que llovía sin parar y parecía que nos íbamos a quedar en el invierno para siempre del frío que hacía, nos dicen que hoy íbamos a estar de excursión en la sierra, en manga corta y sudando como pollos...

Porque yo por lo menos estoy empapadito de sudor, vamos, que no puedo dar otro paso.

Pero no, venga, tío, un poquito más que creo que ya se les ve allí a lo lejos. Lo que tengo que hacer es adelgazar un poco, porque claro, como este invierno he cogido algún kilo..., bueno, vale, unos cuantos, que a lo tonto llevo ya tres años engordando de a poquitos, y sí, ya sé que debería hacer más ejercicio, ir al gimnasio y esas cosas, pero es que a mi no me gusta. No le encuentro la gracia a ir a machacarse a un sitio lleno de tios imponentes. Ir a sufrir, porque es lo que se hace en esos sitios, sufrir como un desgraciado. No, a mi me va más esto de salir a dar paseos por la sierra, lo jodido es que hoy es cuesta arriba y encima estos han pillado un ritmo que a este paso me va a ser imposible alcanzarles, que es que ya ni les veo.

Ay madre, que se me desboca el corazón. Voy a parar un poquito, aquí en estas piedras que están tan bien puestas. Estas las debieron poner los romanos que hicieron la calzada esta. Que claro, se debían cansar más que yo todavía, porque encima ellos hacían este recorrido currando, que eso sí que debe ser complicado. Madre mía, qué mal me encuentro. Voy a descansar un rato. Uff, si hasta me cuesta respirar y todo. Ay qué mareo, no sé, parece que me da todo vueltas, y el brazo, que me duele mucho el brazo y no entiendo por qué si yo no he participado en el partido de baloncesto. Uff, el corazón lo tengo desbocado, desde luego y me duele el pecho. Creo que me voy a tumbar aquí, en la hierba un rato, sí, y cierro los ojos a ver si así deja todo de dar vueltas.

- Eh! Vosotros, parad!
- Qué pasa?
- Joaquín, que hace mucho que no le vemos y yo creo que se nos ha perdido. Vamos a bajar a buscarle Ramón y yo.
- Vale, tío, os esperamos aquí.
[...]
- Emergencias? Les llamo desde la calzada romana, necesitamos una ambulancia deprisa, un amigo nuestro ha sufrido un infarto. Sí, aquí en la montaña. Sí, sí, de acuerdo...

No hay comentarios: