Hace muchos años, cuando todavía vivía en su casa, cuando le veía hacer cosas siempre fiel a sus manías, me decía a mi misma que nunca nunca haría algo así. Que gracias al cielo era consciente a tiempo de la cantidad de gestos y acciones que se pueden convertir en una manía y que yo estaba a tiempo de no repetirlos, de no caer en la trampa del tiempo. Que jamás jamás me lo permitiría. No, no, yo nunca.
Le veía cada noche prepararse el vaso de agua (su vaso de agua, sí ese, no otro, ese justamente) para llevárselo a la cama y añadirle unas gotas de limón y mucha azúcar y me decía "tú nunca, me oyes, nunca nunca. Si quieres beber te levantas". Y es cierto, jamás me llevo un vaso de agua a la cama, y si tengo sed me levanto y bebo agua fresca del grifo, sin limón, sin azúcar y en cualquier vaso.
Tenía más manías y yo las estudiaba y me fijaba bien para no repetirlas... Hasta ayer, cuando me descubrí fregando la cacerola de la misma manera, con la misma maniática meticulosidad con que él lo hacía. Incluso con el mismo gesto concentrado en la cara: el entrecejo contraído, la boca tensa, los ojos muy abiertos para que no se me escapara ni la más mínima partícula de suciedad...
Le veía cada noche prepararse el vaso de agua (su vaso de agua, sí ese, no otro, ese justamente) para llevárselo a la cama y añadirle unas gotas de limón y mucha azúcar y me decía "tú nunca, me oyes, nunca nunca. Si quieres beber te levantas". Y es cierto, jamás me llevo un vaso de agua a la cama, y si tengo sed me levanto y bebo agua fresca del grifo, sin limón, sin azúcar y en cualquier vaso.
Tenía más manías y yo las estudiaba y me fijaba bien para no repetirlas... Hasta ayer, cuando me descubrí fregando la cacerola de la misma manera, con la misma maniática meticulosidad con que él lo hacía. Incluso con el mismo gesto concentrado en la cara: el entrecejo contraído, la boca tensa, los ojos muy abiertos para que no se me escapara ni la más mínima partícula de suciedad...
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