viernes, 18 de julio de 2008

Divorcio

H tiene miedo al divorcio. No al suyo, ella no está casada ni lo estará nunca, al del resto de sus hermanas. Cada vez que las ve sin su pareja cerca pregunta por ellos con angustia: ¿Has venido sola? ¿Dónde está tu marido?



No creo que sea el divorcio lo que le asusta sino la infidelidad. Sospecha de sus hermanas y las vigila; las interroga cada vez que las ve; pero eso no es lo peor -cada cual tiene sus manías- lo peor es que como no encuentra ni rastro de la supuesta infidelidad, se la inventa y la presenta como un hecho cierto


- "El martes me crucé con V por la calle. La vi venir de lejos con un hombre. Estaba segura de que no era su marido.... Pero cuando se acercaron sí era él. Menos mal.


Las hermanas se ríen de ella y de sus angustias infundadas. Piensan que son locuras de soltera, y no le dan más importancia, pero H sufre de verdad porque cree que las vidas de sus hermanas están al borde del colapso y eso es algo que ella conoce muy bien: la soledad. La que llega sin avisar. La que borra todo lo que había antes y solo deja un vacío insoportable.
A ella le ha costado tantos años acostumbrarse... Negociar con la desesperación de los silencios eternos de las tardes, de los domingos sin perspectiva, de la angustia de una vida sin sentido...


Sus hermanas se juntan a menudo para comer, o merendar, o para ir de compras, pero no siempre la avisan y eso le duele en lo más profundo, aunque no lo dice. Sabe que es porque sus vidas transcurren en mundos paralelos y que su soledad les angustia, sus manías de persona sola, su escasa conversación. No saben cómo sobrellevar esa especie de nube gris que H arrastra a su alrededor. La nube de la derrota. El polvo irrespirable de la soledad.

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