Tendido en la cama, muy relajado. Los ojos cerrados, la mente aquietada por fin. Notas cada parte de tu cuerpo pesada, floja, casi ajena, estás a punto de quedarte dormido. Entras en ese estado que no es inconsciente del todo, es casi demasiado lúcido, de hecho. Tan lúcido que cuando crees que te vas a dormir, de pronto resuelves ese problema que te trae loco desde hace días. La solución brilla fosforescente en la oscuridad de la habitación.
Y ya no puedes dormirte, claro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario