lunes, 4 de agosto de 2008

Alone again


¡Se ha ido! El humano, se ha largado. Que sí que ya sé que soy una gaviota y que no debería saber nada de esto, pero oye, es que de vez en cuando alguna de nosotras sale lista, y me ha tocado a mi. Llevo varios días espiando su ventana, allí donde me solía dejar los pececitos pequeños, y nada. Ni un movimiento. Ni la abren, ni se asoma nadie, ni siquiera levantan el estor naranja (pues sí, da la casualidad de que sé lo que es un estor), y estoy muy preocupada, porque gavioto aparece muy de vez en cuando y sólo por hacerle caso a polluelo, que por cierto, está crecidísimo y quitando que de vez en cuando se cae al patio y no puede salir (un día le tuvo que salvar el humano. No veas qué movida) pues quitando que de vez en cuando es torpe, en general ya se desenvuelve bastante bien y casi ni aparece por aquí, así que me he vuelto a quedar sola.


Al principio me gustó. Podía volar a donde quisiera, aprovechar las térmicas, dejar que el sol me acariciara las plumas mientras en mis oídos sonaba música de Neil Diamond, pero la verdad es que al cabo de unos días, las térmicas ya no eran divertidas, y además tenía hambre y tenía que bajar a la playa a pescar peces. No veas la que se lió allí también, porque claro, está llena de gaviotas con polluelos, de gaviotos buscando pareja, de territorios marcados y defendidos... y cuando me ven aparecer se me echan encima graznando como posesos. A veces consigo despistarles, a veces me busco otra playa más tranquila, pero, qué casualidad, cuando la playa es tranquila hay menos peces y es más difícil conseguir comida, además de más aburrido. Así que me vengo a ésta y me dedico a despistar a los demás, y de paso echo una ojeada por si hay algún gavioto guapo que me entretenga.


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