Habían pasado 17 años desde que G y M se habían besado por última vez. Fue aquel día de mayo que él la acompañó hasta la calle de López de Hoyos por última vez; claro que ninguno de los dos sabía que iba a ser la última vez. ¿O tal vez él sí lo sabía?
17 años sin saber nada el uno del otro hasta que se lo encontró de frente cuando bajaba por la Gran vía, camino al trabajo con más prisa de la habitual. A la altura del hotel de 4 estrellas, le vio aparecer con una cartera en la mano y mirando a cada lado de la calle antes de decidirse a parar un taxi. Sólo que esta vez en lugar de parar un taxi se paró él y le interceptó el paso.
No tardaron nada en reconocerse, y con una sonrisa los 17 años de ausencias se fueron volando hacia el cielo azul brillante. Volvieron a besarse igual que entonces y borraron el mundo.
Ella vio en el reloj de la marquesina que eran las 7.57 y pensó que era una hora perfecta para reencontrase con el amor de tu vida.
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