jueves, 17 de abril de 2008

Invisibilidad 2

Llevo unos días dándole vueltas a la idea de la invisibilidad masculina. ¿Son ellos invisibles también? ¿Cuándo?

Chateo con un amigo que me aporta ideas muy interesantes, como éstas:

¿Puede ser una causa de invisibilidad masculina el convertirse en un pesado, tío coñazo al que todo el mundo trata de esquivar? ¿O más bien ese tipo de persona lo que lleva, por el contrario, es un chaleco reflectante?

Sinceramente, y como mujer, creo que este tipo de hombre no es invisible pero desearíamos que lo fuera!


¿Puede ser causa de invisibilidad para un varón el dejar de mirar a las tías?

Creo que normalmente hay entre varones y mujeres un cierto juego de intercambio de miradas. Se da especialmente entre conocidos, como compañeros de trabajo, pero también entre desconocidos que se cruzan por la calle. Todos detectamos una mirada furtiva procedente de una persona del sexo opuesto que se cruza con nosotros en la acera.

Si además hay algún ademán para evitar una colisión -y no digamos para ceder el paso en un lugar estrecho o en una puerta- el intercambio, por más que parezca superficial, que resulte fugaz y que permanezca encubierto por la educación, es intenso. Tal vez sea tanto más intenso cuanto más furtivo, porque la fugacidad se reconoce como la estrategia para encubrir un deseo ilícito. Es lo contrario a la invisibilidad.

Creo que el varón se hace invisible cuando deja de tener esas atenciones hacia las representantes del sexo femenino, cuando para él las mujeres se han vuelto invisibles. Quizá es un efecto secundario de la invisibilidad femenina... o quizá es una actitud que algunos varones cultivan para no verse turbados por ese intercambio.
Si somos invisibles para un hombre, no vamos a perder el tiempo con él, o quién sabe, tal vez ese desdén sea justo lo que nos empuje a perseguirle hasta que nos volvemos visibles y entonces, simplemente seguimos nuestro camino sin mirar atrás. Pero sonriendo...

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