Envidio las casas que aparecen en las revistas de decoración. Esas casas donde cada cosa, no sólo tiene su lugar, sino que realmente lo ocupa. Nunca hay nada fuera de su sitio, ni libros mal amontonados encima de las mesas, ni juguetes abandonados (con toda la intención) en los rincones de cualquier cuarto, ni vasos sucios que alguien olvidó llevar a la cocina... Nunca nada que desentone.
Sí, sí, ya sé que se trata de una revista, que las cosas nunca son como parecen, que seguramente se han esmerado en colocarlo todo para hacer la foto, pero es que mi casa es un caos (no podía ser de otra forma!) aunque sea un caos muy acogedor.
En medio del salón una alfrombra pequeña que tiene dibujadas carreteras, calles y casas, está ocupada por un montón de cochecitos de juguete. Pregunto en voz alta:
- Tiene que estar esta alfombra aquí en medio?
- Síiii, que están corriendo una carrera, y va ganando el tuyo!
(esto último lo añade para que no le riña, claro).
Así que asumo la invasión y le dejo que siga jugando, aunque le advierto de que antes de acostarse tiene que recogerlo todo.
El otro día decidí hacer fotos del piso para poner el anuncio de su venta en internet. Escogí una tarde, justo después de que la señora que viene a limpiar se fuera. Aparentemente todo estaba perfecto. Limpio, recogido, ordenado.
Hice fotos, de todas las habitaciones, desde diferentes ángulos, con diferente luz. Las volqué al ordenador y le di a "ver como una presentación".
Aquello parecía un campo de batalla. Las cosas ya no parecían tan ordenadas. Los libros se amontonaban encima de las mesas, los mil y un adornos tontos se agolpaban en las estanterías sin orden ni gracia, por debajo de la mesa del ordenador asomaba una maraña de cables y por debajo de la mesa de la esquina se veían juguetes mal escondidos.
Me lancé a poner orden y es cierto que conseguí colocar muchas cosas. Encontré huecos inverosímiles para los libros que antes no cabían, convencí a los niños para que tiraran jueguetes rotos o inservibles, archivé los papeles que cubrían la mesa del ordenador y tiré los que no servían para nada.
Volví a hacer las fotos. Ahora sí se notaba un poco más de orden, pero seguía sin estar perfecta, entonces me di cuenta de que lo que había encima de las mesas, debajo de la del rincón, en las estanterías, encima de las camas... no eran trastos, ni libros o juguetes fuera de su sitio, era nuestra vida desparramándose por toda la casa, y eso no se puede guardar en ningún cajón.
¡Menos mal!
1 comentario:
Nena, esas casas de las revistas no existen!! ¿no te has dado cuenta de que ninguna de ellas tiene televisión?
Quieren que creamos que allí las familias se reunen todos en torno a una mesita de habitat, con grandes tomos de publicaciones sobre arquitectura, a debatir sobre arte contemporáneo y nuevas tendencias.
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