sábado, 12 de enero de 2008

Borde?

Llamarme borde se ha convertido en la gracia del año. Empezó él, y me hizo gracia; me lo decía con cariño, casi diría que admiración y yo me sentía orgullosa de llamar su atención, aunque en ningún caso pensé que fuera verdad.

Es cierto que a veces soy un poco brusca y que no soporto a los torpes, pero eso no me convierte en borde. Si estoy en un bar y pido tres veces seguidas un vaso de agua y no me lo traen, te aseguro que la cuarta vez que lo pido todas las dulzuras y fórmulas de educación básica que me enseñó mi madre de pequeña se han ido muy lejos. Es eso ser borde? Se supone que debemos tener paciencia absoluta? Yo la tengo cuando está justificada. Si veo al camarero realmente sobrepasado por el trabajo, soy la primera en ir a buscar el vaso de agua a la barra intentando no estorbar más de la cuenta, pero si el camarero está a su bola y aún así no me hace ni caso.... ufffff

Vale que hay mañanas en las que es mejor que no se me acerque nadie, pero ya me encargo de dejarlo bien clarito. Lenguaje corporal lo llaman, pero no, ellos se empeñan en acercarse, en preguntarme cosas, en hablar. Y luego les cabrea que yo no conteste. Qué ganas de contestarles mal me entran, pero aún así me contengo, intento incluso sonreir. Que no me pidan mucho más.

Lo que no me reconocen nunca es que cuando realmente hago falta soy la primera en acudir, y da igual cómo esté ese día, o la hora que sea. Si alguien tiene algún problema, por tonto o complicado que sea, ahí voy yo. Y si puedo ser útil, pues genial. Pero como eso no encaja en el personaje que me han otorgado, eso no lo cuentan.

Decía que al principio sólo me lo llamaba él y que hasta me hacía gracia. Bueno, era algo entre nosotros; la típica broma que marca la intimidad, pero luego también empezó a llamarmelo ella y eso ya escocía un poco. Porque si él me lo decía lleno de cariño, juguetón, para picarme; ella me lo decía con toda su intención para echarme en cara algo que si forma parte de mi y te llamas mi amiga, creo que debes asumir y, en todo caso, ayudar a suavizar, pero que no se debe echar en cara. No con esa mala idea. La mala idea no tiene sitio en la amistad, o eso creo yo, y si aparece es que algo muy gordo falla. Y eso fue lo que pasó. Que la amistad empezó a fallar, pero ella nunco supo por qué. Supongo que siguió pensando que era culpa mía por ser borde.

No hay comentarios: