El mundo está lleno de personas pesadas. Todos tenemos alguna en nuestro círculo de conocidos, seguro. Son personas que no entienden la intimidad, ni comprenden que a algunas personas nos gusta estar solas y organizarnos la vida sin ayuda de nadie. Son personas que se empeñan en dirigirnos como si nosotros no fuéramos capaces de hacerlo solitos. Es esa amiga que te va a buscar a casa incluso sin pedírselo, o que te acompaña hasta el portal y no acaba nunca de despedirse.
Estas personas no entienden las indirectas; con ellas no sirven los bostezos ni las excusas simples, porque no tienen ningún pudor en desmontarlas, o peor aún, apuntarse a esos planes que acabas de inventarte con la única intención de que te dejen en paz.
Como en el fondo te dan pena, porque se ve claramente que son personas necesitadas de cariño y de vida propia, no te atreves a plantarles cara directamente ni a decirles que te dejen en paz. De alguna manera se las arreglan para tenerte a su merced. A menudo se valen de su absoluta disponibilidad para lo que necesites que te deja sin argumentos para rechazarlas. Porque tú sí eres una persona educada a la que desde pequeñita le enseñaron que se debe ser agradecido, así que cuando alguien se desvive tanto por ti, no te sientes capaz de darle una patada en el culo, que es lo que realmente te pide el cuerpo.
A ti sí te enseñaron que uno no debe imponerse a la gente, que hay que dejar siempre márgen de maniobra a los otros, pero claro, con estas personas la educación más básica pierde toda su validez porque no la entienden. La consideran restrictiva y anticuada, cuando ellas mismas son las que le dan cada vez más sentido.
Para huir de ellas no sólo inventas excusas de lo más variopinto e improvisado (siempre te pillan descuidada), sino que acabas cayendo en la paranoia más alocada. Apagas el móvil los días que consideras de riesgo, huyes de las posibles zonas comunes, renuncias incluso a ver a amigos verdaderos si sospechas que pueden estar relacionados...
Pero todo es inútil, porque los pelmas siempre consiguen alcanzarte. Te reprochan suavemente que no les prestes más atención y vuelven a perseguirte como si nada hubiera pasado. Y mientras, tú intentas recomponer tu vida, vuelves a encender el móvil, vuelves a frecuentar a los amigos, incluso si están relacionados y abandonas la lucha.
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