Dentro de apenas 22 horas la familia se reunirá a cenar en una de las cenas más luminosas del año. De pequeña, la Nochebuena era mi fiesta favorita. Hace años, las Navidades no empezaban en el mes de noviembre, ni se encendían las luces de las calles el día 1 de diciembre. Antes, hasta el día 22 de diciembre (el día de la lotería) y, en según que casos, incluso más tarde, en casa no se adornaba el árbol ni se montaba el belén. Así que cuando llegaba la Nochebuena, las Navidades estaban recién estrenadas y las vacaciones también, por eso era tan especial. Encontrábamos en cada plato un pequeño regalo ("el del árbol") que no escondía misterios: había sido mi madre la que había escogido este detalle sin intevenciones mágicas. La magia, los misterios se reservaban para los reyes magos que venían al final de las vacaciones, y nos dejaban los regalos sin casi tiempo para disfrutarlos a gusto.
La Nochebuena era el gran acontecimiento porque por fin te dejaban trasnochar un poco, también era el primer día que se comía turrón. Además venían a cenar familiares que no venían nunca y la casa se llenaba de gente y todo el mundo estaba de buen humor....
Pero con el paso del tiempo las cosas fueron cambiando. Primero en la familia, porque dejamos de estar siempre de buen humor y las broncas de Nochebuena se hicieron habituales; y después en la sociedad en general que se fue haciendo más consumista y amplió la Navidad desde primeros de diciembre hasta primeros de enero. Las casas se decoran ahora mucho antes y los turrones están en las tiendas con más de un mes de antelación, así que cuando llega la Nochebuena ya casi nada sabe especial.
Un año conseguí quedarme sola en Nochebuena. A pesar de la preocupación de mi familia, de la insistencia de los amigos, conseguí quedarme en mi casa y no hacer NADA. No hubo cena especial, ni regalos, ni ropa de gala. Sencillamente me quedé sola y me dediqué a disfrutarlo. Fue maravilloso. Ya de madrugada vino a buscarme un amigo y nos fuimos a celebrarlo juntos a las afueras de la ciudad. El broche perfecto para una noche distinta.
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