miércoles, 12 de diciembre de 2007

Escuchas imprevistas

Nadie confiesa que le gusta escuchar lo que no le está destinado, pero a todos nos engancha. Al menos al principio.
En el autobús escuchas sin querer las conversaciones que los otros pasajeros mantienen entre ellos o, peor aún, las que mantienen a través del móvil; a menudo en un tono demasiado alto. Las primeras frases nos llaman la atención, siempre nos pica la curiosidad de participar de la vida de otros, sin permiso; pero una vez que su cotidianeidad queda aclarada perdemos el interés en ellos y esas conversaciones pasan a ser simplemente molestas.
Por ventura, el autobús tarde o temprano llega a nuestro destino y podemos dejar que esas personas sigan con sus vidas monotonas y parecidas. Pero cuando la situación se da en el trabajo, donde no hay parada de destino, tenemos que soportar que las vidas de otros invadan nuestro espacio vital un día tras otro, una hora tras otra.
Por supuesto nuestro cerebro nos juega malas pasadas y si normalmente nos es relativamente fácil desconectarnos de lo que pasa a nuestro alrededor simplemente concentrándonos en otra tarea, en estas ocasiones toda nuestra atención se dirije única y exclusivamente a esa conversación. Hasta que no podemos más y salimos corriendo del despacho con cualquier excusa. Pero da igual, porque a la vuelta ellos siguen allí, continúan hablando de lo mismo. Gastando una y otra vez las mismas frases huecas. Riéndose las gracias unos a otros como si fueran nuevas u originales.

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