La lluvia me crea contradicciones. ¡Cómo no!
Las tormentas me gustan. Esa mezcla de miedo y fascinación que provocan los rayos y los truenos. El fogonazo y después el retumbar en los cristales.
Me gusta el olor del agua empapando la tierra, saber que el aire quedará más limpio cuando termine, las calles brillantes y ver caer la lluvia como una cortina detrás de los cristales.
Pero también es molesta y complica las tareas cotidianas: ir al trabajo, bajar a la compra, tender la colada...
Has intentado alguna vez manejar el carro de la compra, el bolso, el paraguas y la manita de tu niño para cruzar la calle?
Te dije que no quería escribir sobre la lluvia, pero ¡qué puedo hacer si está aquí y con ganas de quedarse!

Las tormentas me gustan. Esa mezcla de miedo y fascinación que provocan los rayos y los truenos. El fogonazo y después el retumbar en los cristales.
Me gusta el olor del agua empapando la tierra, saber que el aire quedará más limpio cuando termine, las calles brillantes y ver caer la lluvia como una cortina detrás de los cristales.
Pero también es molesta y complica las tareas cotidianas: ir al trabajo, bajar a la compra, tender la colada...
Has intentado alguna vez manejar el carro de la compra, el bolso, el paraguas y la manita de tu niño para cruzar la calle?
Te dije que no quería escribir sobre la lluvia, pero ¡qué puedo hacer si está aquí y con ganas de quedarse!

Y luego, cuando menos te lo esperas..... Vuelve el sol. Como una metáfora de los días difíciles que se resuelven con una sonrisa.
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