sábado, 27 de diciembre de 2008

Navidad

Los dolores del parto empezaron pronto. A media tarde, las contracciones se sucedían espaciadas y rítmicas, pero todavía no era el momento. Esperó, intentando distraer su mente del gran momento, haciendo las cosas de siempre. Con cada contracción resplandecía la fantasía de verle la carita al bebé y siguió esperando. Llegó al hospital de madrugada y en menos de tres horas ya lo tenía aquí. Le veía, los ojitos grandes y abiertos, mirarla desde la mesa donde la comadrona lo pesaba, lo limpiaba y lo preparaba para dárselo. Y en eJustificar a ambos ladosse momento se inició el vínculo madre-hijo fuerte como un hilo irrompible y brillante. Y desde ese momento su corazón se esponja con cada logro y se contrae con cada fracaso.

Y le deja crecer y alejarse y ella crece también en el proceso, y el vínculo sigue vivo.

1 comentario:

Cuni dijo...

Qué lindo! Es lindo pensar en una madre que deje crecer a sus hijos en libertad :)