martes, 22 de septiembre de 2009

Armario

Esta vez tengo decidido que no te voy a volver a ver.¿Sabes por qué? Porque el último día que nos vimos abriste los cajones del armario.

El armario lo compré con Juan y cuando me lo trajeron y lo instalaron me ayudó a doblar los jerseys y a repartir las camisas por colores, pero los cajones me los dejó para mi, para que fuera yo quien los llenara. Así que en ellos puse todos esos tesoros que nadie debe ver.


Entonces llegó EL y se atrevió a abrirlos. No miró dentro -hubiera caído fulminado por un rayo- pero los abrió, los cerró y los volvió a abrir. Así varias veces; asombrado de que fuera tan fácil, de que estuvieran bien hechos y no se quedaran encasquillados a medio camino. No dije nada en aquel momento; hubiera sido difícil explicar mi ira, pero me quedó claro que nunca más pisaría mi casa. Al rato recibió una llamada y tuvo que irse con cierta prisa. No me dolió. Lavé las sábanas, aireé la casa. Me vestí y salí a dar un paseo, cuando llamó para decirme que había estado muy a gusto, ya no me encontró en casa.

1 comentario:

Cuni dijo...

"el que se va a Sevilla, pierde su silla"...y Olé!